El cuerpo pierde calor
Cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que lo produce, su temperatura puede bajar. Eso afecta la capacidad de pensar, moverse y reaccionar, y puede llegar a ser una emergencia.
Una guía clara para enfrentar el frío en Colombia: en la ciudad, en el campo, en el páramo y dentro de casa. Hábitos sencillos para proteger a tu familia en las noches heladas y en las temporadas de lluvia.
Contenido educativo. No reemplaza la valoración de un profesional de la salud.
Colombia no tiene invierno como otros países, pero sí tiene frío. Ciudades de altura, veredas de montaña y páramos registran noches y madrugadas de bajas temperaturas, y en algunas zonas se presentan heladas. La lluvia, la humedad y el viento hacen que la sensación de frío sea aún mayor.
Cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que lo produce, su temperatura puede bajar. Eso afecta la capacidad de pensar, moverse y reaccionar, y puede llegar a ser una emergencia.
En las épocas frías y lluviosas pasamos más tiempo en lugares cerrados, lo que favorece el contagio de infecciones respiratorias como la gripa, especialmente entre niños y adultos mayores.
Calentarse con carbón, leña, braseros o estufas en espacios sin ventilación puede causar intoxicación por monóxido de carbono, un gas que no se ve ni se huele.
Entender por dónde se escapa el calor ayuda a elegir mejor cómo protegerse.
Usar varias prendas delgadas permite atrapar aire tibio entre ellas y quitarse o ponerse capas según cambie el clima o la actividad. Toca cada capa para ver cómo elegirla.
La hipotermia ocurre cuando la temperatura del cuerpo baja de forma peligrosa, por debajo de los 35 °C. Puede presentarse con temperaturas que no parecen extremas, sobre todo si la persona está mojada, cansada, con hambre o expuesta al viento.
Evita: frotar o masajear brazos y piernas, ponerle agua muy caliente o fuentes de calor directo sobre la piel, y darle bebidas alcohólicas.
Si hay confusión, somnolencia, desmayo o la persona no mejora, llama a la línea de emergencias 123.
Las noches frías invitan a encerrarse y calentar la casa. Hacerlo de forma segura es tan importante como abrigarse.
El monóxido de carbono es un gas tóxico que se produce al quemar carbón, leña, gas o gasolina. No tiene color ni olor, por eso es tan peligroso.
El frío nos acompaña en la rutina y en los planes al aire libre. Estas recomendaciones ayudan en cada caso.
Si sales temprano o regresas tarde, lleva una capa adicional, gorro y bufanda. Esperar el bus en un paradero con viento enfría más de lo que parece.
Vigilantes, agricultores, transportadores y vendedores pasan muchas horas expuestos. Ropa por capas, pausas en lugar resguardado, comida caliente e hidratación marcan la diferencia.
En la montaña el clima cambia en minutos. Consulta el pronóstico, avisa tu ruta a alguien, no vayas solo, lleva impermeable, ropa seca de repuesto y emprende el regreso temprano.
Si te mojas, cámbiate de ropa lo antes posible. Llevar medias y una camiseta de repuesto en el bolso es un hábito sencillo y muy útil.
Calienta bien antes de empezar, abrígate por capas y quítate prendas antes de sudar en exceso. Al terminar, cámbiate la ropa húmeda y abrígate de inmediato.
Con el frío se siente menos sed, pero el cuerpo sigue necesitando agua. Las comidas regulares y calientes ayudan a mantener la energía y la temperatura.
Señales de alarma en niños con gripa: respiración rápida o con hundimiento de las costillas, fiebre que no cede, dificultad para comer o beber, somnolencia o decaimiento. Ante cualquiera de ellas, consulta de inmediato a un servicio de salud.
Algunas costumbres populares parecen ayudar, pero en realidad aumentan el riesgo.
El alcohol da una sensación pasajera de calor, pero hace que el cuerpo pierda temperatura más rápido y disminuye la capacidad de notar el peligro.
El monóxido de carbono se acumula mientras el carbón arde y sigue presente después. Nunca uses braseros ni carbón en espacios cerrados.
La gripa la causan virus. El frío y la vida en espacios cerrados facilitan el contagio, por eso lavarse las manos y ventilar es tan importante como abrigarse.
El sudor moja la ropa y enfría el cuerpo. Lo ideal es quitarse capas a tiempo para mantenerse tibio y seco.
Se pierde calor por cualquier parte descubierta del cuerpo. La cabeza suele quedar expuesta, por eso conviene cubrirla, pero no es la única que importa.
Frotar la piel muy fría puede lastimarla y el calor directo puede quemarla sin que la persona lo sienta. Lo mejor es recalentar de forma gradual.
Sí, en zonas de montaña, altiplanos y páramos las temperaturas nocturnas pueden ser muy bajas y en algunas regiones se presentan heladas. Además, la lluvia y el viento aumentan el riesgo incluso en temperaturas moderadas. Para conocer el pronóstico de tu zona, consulta la información oficial del IDEAM.
La lana y las telas sintéticas tipo fleece conservan el calor incluso si se humedecen un poco. El algodón es cómodo para estar en casa, pero cuando se moja pierde gran parte de su capacidad de abrigar.
Toca su pecho o su nuca: deben sentirse tibios, no fríos ni sudorosos. Las manos y los pies suelen estar más fríos y no son la mejor referencia. Si tienes dudas sobre cómo abrigarlo, consulta con su pediatra.
Los calentadores de gas o combustión no deben usarse en habitaciones cerradas mientras se duerme por el riesgo de monóxido de carbono. Los eléctricos deben estar lejos de cobijas y cortinas; lo más seguro es apagarlos al dormir y abrigarse con cobijas.
Busca un lugar tibio, retira prendas mojadas y calienta la zona poco a poco, por ejemplo con el calor de tus axilas o con agua tibia, nunca caliente. No frotes la piel. Si el color o la sensibilidad no vuelven, o aparecen ampollas, busca atención médica.
Lávate las manos con frecuencia, cúbrete con el antebrazo al toser o estornudar, ventila los espacios, quédate en casa si estás enfermo y consulta con tu EPS el esquema de vacunación que te corresponde.
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Este contenido es educativo e informativo y se basa en recomendaciones generales de autoridades sanitarias y meteorológicas. No constituye consejo médico, no reemplaza la valoración de un profesional de la salud y no garantiza la prevención de ninguna enfermedad ni lesión. Ante síntomas o dudas sobre tu salud, consulta a un profesional; en una emergencia, llama a la línea 123.
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